Estoy seguro de que todos vosotros, compañeros aventureros, conocéis el asunto sobre el que os voy a hablar. Estoy seguro de que todos comenzasteis - y si no todos, sí una gran mayoría - jugando aventuras inglesas.

Y estoy seguro también de que todos habéis intentado recuperar un cetro mágico de poder, o habéis pasado más de una hora luchando contra un gigantesco troll.

Ahora bien, ¿ Cuantos de vosotros sabéis con exactitud qué es un troll ? ¿ Cuantos sabéis qué forma tiene, cómo se comporta cuando no lucha ? Creo que una mínima parte podría responder a estas preguntas correctamente, y eso que todos os habéis topado con alguna.

Por eso, y por otras razones escribo este artículo. ¿ Cuantas aventuras de las que habéis jugado tratan de magos malísimos, guerreros buenísimos, hordas malignas compuestas de trolls, orcos, wargos, dragones y un variopinto hatajo de seres monstruosos ?

Quizá los ingleses los conozcan detalladamente, pero aquí no se había oído hablar de algo semejante hasta unos pocos años atrás, cuando las aventuras y los juegos de Rol entraron en nuestro país.

No es que desprecie la mitología anglosajona, en absoluto, lo único que quiero decir y hacer ver es que aquí también tenemos mitología, y a mi juicio, más variada y rica que la céltica.

Todos hemos oído hablar de los dioses del Olimpo, de Zeus, Atenea, Venus y un largo etcétera que constituyen un gran cuadro divino, que además tiene gran cantidad de historias asociadas que pueden dar mucho de sí a la hora de la creación de una aventura.

A primera vista todo esto puede parecer más aburrido que luchar contra dragones o realizar poderosos conjuros, pero así no correremos el riesgo de caer en un pozo del que no podamos salir, estando condenados para siempre a tener como base de nuestras aventuras la -con perdón- pobre mitología inglesa.

El asunto no es hacer todas las aventuras basándose en una mitología y literatura propias, ni mucho menos. Estoy convencido de que una dosis de hechicería y "dragonería" es incluso necesaria para cualquier aventurero que se precie.

No es este el caso, sino que en España, donde el mundo de la aventura está todavía incipiente, no ocurra que padezcamos de una falta crónica de variedad, que desagradaría a todo el mundo.

Para evitarlo podemos hacer varias cosas, pero a mi juicio la más sensata es la siguiente:

Podría organizarse al estilo de los premios que anualmente entrega Microhobby. Aunque al principio careciera de popularidad, al crecer el mundo de la aventura en España sería un acto considerado "clásico entre los clásicos".

Con esto evitaríamos que saliesen al mercado aventuras que mejor estarían en un vertedero que en la memoria de nuestros ordenadores, y agradeceríamos la labor de los programadores y compañías que nos han hecho posible pasar unos ratos agradables frente a nuestros teclados.