INDIANA JONES Y LA ULTIMA CRUZADA (y II)

Por... Martín López Torrens

Para empezar ésto será, como se diría, un paso a paso para avanzar por el Castillo de Brunwald y rescatar a Henry Jones sin tener que pelear con ningún soldado; un trabajo que me llevó varios meses.

Empezaremos por el mayordomo que nos recibirá a la entrada. Sería conveniente salvar a menudo la partida por posibles errores. Para superar al mayordomo estas serán las frases que deberá decir Indy:

1º- ¿Tiene usted familia en el pueblo?. 2º- No. Pero debe usted ir a verle inmediatamente. 3º- Puedo demostrar que conozco a Otto.

Una vez libres del mayordomo nos dirigiremos hacia las escaleras que se encuentran al fondo del decorado. Allí investigaremos las habitaciones hasta dar con una donde encontraremos a un borrachín soldado. De éste debemos obtener toda la información que podamos; sobre todo el nombre del coronel al mando de la guarnición y una jarra de cerveza.

1º- ¿Qué haces aquí?
2º- No esperaba encontrarme con un filósofo. 3º- ¿Cómo es tu comandante?

La jarra de cerveza se consigue así:

1º- Hola. ¿Qué tal estás?
2º- ¿Puedo traerte un trago?.

Acabado con este soldado lo único interesante que resta en esta parte del castillo es la cocina. Aquí llenaremos la jarra con el barril y apagaremos el fuego de la chimenea y cogeremos el jabalí asado. Luego, antes de salir de la cocina, llenaremos de nuevo la jarra con cerveza.

A la cocina volveremos más tarde pero, ahora, abandonaremos esta ala, retornamos a la entrada y nos vamos por el pasillo superior derecho. Aquí encontraremos dos soldados: uno que custodia el pasillo superior y otro el inferior. Nos ocuparemos de éste último.

1º- ¿Dónde está el prisionero?
2º- Gestapo. Investigaciones especiales. 3º- ¿Y tú, qué sabes de eso?

Libres del soldado entraremos en la única habitación de la derecha donde encontraremos dos uniformes: uno de criado y otro de oficial nazi sujeto con un candado. Cogeremos el traje de criado y saldremos de esa habitación para entrar en la puerta superior izquierda. Ya dentro la habitación avanzaremos hacia la izquierda hasta una armadura colocada junto a una chimenea. Empujaremos la armadura, cuya hacha hará una marca sobre la alfombra que nos será útil más adelante.

Ahora nos ocuparemos del soldado del pasillo superior.

1º- Hola. Vendo cazadoras de cuero.
2º- Estoy autorizado.
3º- 15 marcos.

Subiremos al piso superior y en la primera habitación que encontremos procuraremos cambiarnos de vestuario utilizando el traje de criado.

Después bajaremos por el pasillo hasta encontrar al soldado que custodia el pasillo inferior a quien entregaremos el cuadro cogido del dormitorio de Henry Jones. Entraremos por la puerta de la izquierda y veremos un cuadro de la Mona Lisa. Si lo empujamos nos dejará al descubierto una caja fuerte.

Saldremos de la habitación y avanzaremos hacia la derecha hasta encontrar una habitación que contiene un baúl.

Miraremos dentro y encontraremos un uniforme en cuyo bolsillo se encuentra una llave.

Bajaremos al piso inferior, cambiándonos antes por el traje de Indy, y cogeremos el traje de oficial nazi con ayuda de la llave. Volviendo a subir nos cambiaremos de nuevo de ropa, eligiendo esta vez el traje de nazi. Para superar al soldado que custodia las escaleras de acceso al siguiente piso se utilizarán las siguientes frases:

1º- Vengo en misión oficial.
2º- ¿Cómo? ¿No me reconoces?.
3º- ¿Qué maneras son esas de hablarle a un oficial? 4º- El Coronel Vogel me conoce.

De allí bajaremos por el pasillo por donde se mueve el soldado y entraremos en una de las habitaciones que contiene un botiquín, que nos será de ayuda cuando Indy se encuentre mermado de fuerzas.

En esta planta sólo queda explorar el pasillo superior donde se encuentran tres habitaciones. En la de la izquierda se encuentra la sala de alarmas y podremos despachar al soldado que la vigila dándole el libro Mein Kampf adquirido en la biblioteca de Venecia. Y la manera de desconectar el sistema de alarmas es utilizando la jarra de cerveza llena contra la rejilla de ventilación.

Lo único que nos resta en esta planta es ir hasta la habitación de la derecha y ocuparnos del soldado que allí vigila.

1º- ¿Qué tal, amigo?.
2º- No. Me han trasladado hoy.
3º- Claro. ¿Tienes autorización para ver documentos?.

Ahora subiremos a la tercera planta y nos libraremos del primer soldado que vigila.

1º- ¡Soldado! ¡Tus pantalones están arrugados! 2º- ¿Y tampoco has podido quitarte esa mancha? 3º- ¡Salsa! ¡Chorradas!

La primera habitación que encontramos es el despacho del Coronel Vogel donde veremos al fiero chucho al que tranquilizaremos con el jabalí. Luego nos haremos con la nota que se encuentra en uno de los cajones del archivador y con el inmenso copón. Bajamos para abajo y nos iremos hasta la caja fuerte que abriremos fácilmente con la combinación. Allí veremos un gran cuadro del Grial que será una nueva pista sobre su forma.

Volvemos hasta la cocina, llenamos el cacho copón de cerveza y subiremos al tercer piso.

Allí veremos un soldado, un Schwarzenegger en plan bestia, a quién entregaremos el copón lleno de cerveza. El muy insensato se lo tragará de un sorbo y con un leve puñetazo nos desharemos de él. Vamos pasillo abajo y a la izquierda y otro soldado.

1º- Vengo en misión oficial.
2º- Me han trasladado hoy. Nuevas órdenes. 3º- ¿Tienes autoridad para ver documentos?

A la izquierda y arriba y encontraremos una habitación con una llave en el candil. Esta llave abre el cuarto donde está prisionero Henry Jones. Para rescatarle bastará subir hasta el pasillo superior donde se encuentran tres habitaciones. En una de ellas se encuentra el doctor Jones. Tras rescatar al anciano seremos hechos prisioneros y aparecerá el Coronel Vogel a quien entregaremos el viejo libro que llevamos desde el principio.

A Indy y a su padre los atarán en sendas sillas en la habitación del primer piso donde encontramos la armadura e hicimos la marca sobre la alfombra. Tirando de las sillas avanzaremos hasta esa marca y, empujando la armadura, el hacha cortará las ligaduras.

Una vez libres, bastará mover una de las estatuas que adornan la chimenea para activar una puerta secreta por la cual abandonaremos, por fin, el castillo. Fuera encontraremos una moto que nos llevará hasta el aeropuerto.

¡Bueno! Después de las mil perrerías sufridas con los nazis, logramos llegar hasta el aeropuerto de Berlín donde una gigantesca salchicha volante, o sea un Zeppelin, estaba a punto de partir.

Tanto mi padre como yo estábamos bastante apurados en cuanto a dinero se refiere para poder comprarnos un par de pasajes que nos sacaran de allí. Así pues observamos a un individuo que leía un periódico y que poseía un par de billetes en uno de sus bolsillos. Mientras mi padre le entretenía colocándose a la derecha yo aproveché para chorizarle los pasajes, como un vulgar cacho quinqui; pero como no estaba en situación para tener remordimientos me olvidé de ello. En cuanto pudimos abordamos el increible salchichón volador en el momento justo en que emprendía el vuelo.

A bordo del Zeppelín entregamos los pasajes y dimos una vuelta por él. Lo único interesante que encontré fué a un tipo con ganas de tocar alguna melodía al piano. Sin embargo tenía una preocupación: temía que los nazis dieran la voz de alarma contra nosotros e hicieran retroceder el gigantesco chorizo revilla de vuelta a Berlín. Así pues decidí escacharrar un poco la radio del cachivache.

Para ello mi padre se acercó junto al piano y metió unas monedas en el cuenco. El pianista, agradecido, tocó una melodía y el radiotelegrafista, con un gusto musical un tanto dudoso (aunque recomiendo la genial banda sonora de la película; la mejor compuesta por ese tal John Williams), abandonó su puesto de trabajo para dirigirse junto al piano.

Aproveché la ocasión para entrar en el compartimiento y abrir un armario donde encontré una extraña llave inglesa. Con ella "acaricié" la radio y abandoné el lugar antes de que regresara el telegrafista. Sin embargo no todo estaba arreglado, puesto que el telegrafista tenía bastante maña con las chapuzas y era capaz de volver a poner en funcionamiento la mal parada radio. Lo mejor que podíamos hacer era abandonar el gigantesco frankfurt con ese biplano de emergencia que había visto antes de embarcar.

Junto a la puerta del telegrafista había un mapa y, bajo él, un extraño agujero. Metí la llave inglesa en la ranura y la hice girar y una escalera bajó del techo. Al subir por ella me encontré en el laberíntico esqueleto del Zeppelín por el cual avancé, con dificultad, liándome a puñetazos con todo soldado que parecía no atender a razones.

Tras alcanzar el biblano me encontré allí con mi padre, preguntándome cómo demonios había conseguido llegar hasta allí. Al desprendernos de la enorme butifarra catalana volante toda la Luftwaffe se lanzó contra nosotros, pero gracias que mi padre tenía una afinada puntería y logró tirar para abajo a unos cuantos aviones antes de que ellos nos derribaran a nosotros.

El gran morrazo nos lo dimos cerca de una granja donde vimos dos coches. Pasamos del coche negro nazi sin gasolina y agarramos el otro. Pero, a partir de aquí, comenzaron nuevos problemas: empezamos a encontrar controles por toda la carretera y yo, como ya estaba hasta el gorro de hablar con todos esos nazis, acabé a guantazos con todos ellos hasta que logramos llegar a Iskerdun.

Al llegar allí nos encontramos con la desagradable sorpresa de que los nazis, la facha Elsa Scheneider y el millonario traidor Donovan habían llegado antes que nosotros, apresándonos. Los nazis habían intentado acceder hasta el lugar donde se encontraba el Santo Grial pero habían fracasado pues no sabían como superar las Tres Pruebas.

Donovan quería obligarme a pasar las tres pruebas y conseguir el Grial, a cual cosa yo no acepté. Sin embargo el argumento que esgrimió el millonario loco fué contundente: disparó a mi padre hiriéndole de muerte. Mi única posibilidad de salvarle era conseguir el Grial con el agua bendita, y verterla sobre la sangrante herida de mi moribundo padre. Así que, con un suspiro, me adentré en los misterios.

La primera prueba la pasé guiándome por el manuscrito de mi padre, donde ví dibujado un boceto del lugar con una "x" marcada en el suelo. Salté hasta ese lugar y unas enormes cuchillas pasaron a un pelo de mi sombrero de fieltro.

La segunda la superé pisando las losas con las letras que componían la palabra "Dios".

La tercera parecía la más difícil: la salida de la gruta desembocaba en un precipicio. Frente a mí vi la entrada a una cueva. Nada más aparecer en ese lugar corrí, por el aire, hasta la otra caverna, superando la última de las pruebas.

En la enorme gruta me encontré con una extraña aparición: un caballero medieval que custodiaba un montón de cálices colocados sobre un altar. De pronto hizo su aparición el chiflado Donovan que eligió un cáliz, lo llenó de agua bendita y bebió de él. El espectáculo fué algo así como horroroso: su cuerpo comenzó a consumirse, por elegir el Grial equivocado, hasta convertirse en polvo.

Siguiendo las pistas conseguidas durante mi viaje y consultando el manuscrito en mi poder, elegí el que creí correcto. Lo llené de agua y bebí. Tras unos segundos de silencio descubrí que no me había pasado nada y, jubiloso, llené de nuevo el Cáliz de Cristo y corrí junto a mi padre.

Tras verter el agua en la herida, mi padre se recuperó completamente y Elsa aprovechó un descuido mio para coger el Grial. En ese momento se produjo un gran terremoto y grandes piedras cayeron del cielo y profundas grietas se abrieron en el suelo. Elsa, con el Grial, desapareció por una de esas grietas. Rápidamente corrí hacia allí llegando tarde para salvar a la desdichada mujer pero sí para recuperar el Grial con ayuda de mi látigo.

Tras el terremoto, apareció el Caballero del Grial y pensé que ese cáliz era demasiado peligroso en manos de algún Señor Oscuro como Hitler así que decidí devolvérselo.

La aventura había terminado. Mi padre había conseguido ver el Santo Grial, que desde joven siempre había sido su obsesión, y yo había logrado recobrar la amistad de mi padre. ¿Qué mejor final que padre e hijo juntos?.