Reflejos Reflejos blancos
Un breve interludio nocturno
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A continuación puedes leer un relato de introducción a "Reflejos blancos". Recuerda ir a la instalación o continuar con el relato interactivo.

Esperando en la penumbra

Echó un vistazo al reloj por segunda vez en quince minutos y luego miró en rededor suyo, pero el parque seguía vacío.

Suspiró.

Nadie la había obligado a acudir antes de tiempo a la cita, pero el negocio de la librería iba bien; si decidía cerrar una hora antes, bueno, el mundo no iba a terminarse y dar un paseo por el parque antes de la cita se le antojó una buena idea...

...o así pensaba hace una hora. La verdad, era un lugar muy hermoso y tranquilo, especialmente a esta hora, cuando todo el mundo (menos ella) se había marchado a casa. Tenía el parque para ella sola ya hacía tres cuartos de hora y comenzaba a cansarse de recorrerlo una y otra vez, tratando de hacer pasar el tiempo hasta que su novio llegara.



Se habían conocido en el coro de la iglesia. No sabía mucho de él entonces, salvo que era guapo, muy atlético y que tenía una voz muy hermosa.

Con el paso de las semanas y según fueron conversando, supo que el chico había vivido un tiempo en el orfanato adjunto a la parroquia, que trabajaba en un taller mecánico y que vivía solo.

Eso, y que tenía un carácter muy dulce, un sentido del humor encantador, una generosidad y honestidad desconcertante... y que la traía loca.

Y que, maravilla de maravillas, ella le gustaba muchísimo, como se lo dijo sin rodeos hace tres días, a la salida de la misa, para luego darle un beso muy suave y muy largo.

Desde entonces, se habían visto un par de veces: el trabajo imponía sus demandas, por lo que sus encuentros duraban poco rato, hablando muy brevemente, ya que preferían acariciarse, tímidamente al principio...



...y aquí estaba, esperando que llegara de una buena vez.

Consultó el reloj por enésima vez. Por lo que conocía a su novio, llegaría puntual, ni antes ni después, así que aún le quedaba un rato largo de espera.

De pronto, sintió un carraspeo a su espalda y río. Como siempre, él había llegado sin que ella pudiera escuchar sus pasos, sigiloso como un gato.

Dio la vuelta, sonriendo...


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Agosto, 2011
Juan Sebastián Armas Maturana - Incanus
sarmasm@yahoo.com