HISTORIAS DE LA TABERNA GALÁCTICA

Jezabel

La unidad Z.R.S.presionó varios de los botones del cuadro. Instantes después, luedo de un prolongado escape de gases de la peculiar cabina criogénica, ésta se abrió, dejando visible lo que había estado albergando durante los últimos siete años. Unos ojos extrañamente amarillentos se abrieron y el capitán Pompeyo despertó… Preso de violentos espasmos en su mano derecha, miró alarmado a aquel androide que creía conocer, cuyo nombre no lograba recordar. La unidad extrajo de su interior una dosis de crasceina y se dispuso a inyectársela al humano. Pompeyo observó con curiosidad la cavidad que había dejado al descubierto el androide, y éste advirtiéndolo y quizá movido por un preprogramado sentimiento de vergüenza, cerró aquel 'cajón'. Después se lo inyectó. No sintió dolor.

Casi instantáneamente empezó a notar sus efectos: su mente se despejaba, su corazón latía con más fuerza, impulsando su líquido vital por todo su cuerpo, su visión se aclaraba y, por último, esos molestos espasmos se fueron poco a poco debilitando hasta, por fin, desaparecer. Se reincorporó y con la ayuda de la unidad ZetaErreEse (por fin había logrado recordar su nombre), consiguió ponerse en pie.

Pompeyo, todavía apoyado sobre su despertador miró a su alrededor. Las demas cabinas seguían activadas, y allá aún yacían sus compañeros de viaje. Con una sonrisa dibujada en su rostro contempló el alto techo metálico que se elevaba muy por encima de su cabeza y proclamó, casi gritando:

- ¡No, otra vez no!

- HMMM, UNA VOZ HUMANA. ¿ERES TÚ POMPEYO?

- Sabes perfectamente quien soy, ¿por qué me has despertado?

Una risa que despedía aún más metalismo que el propio techo inundó todos los rincones de la nave interestelar Nasartek VII.

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El portal de titanio de más de tres metros de grosor, se abrió para dejar paso al humano, que aún conservaba aquella sonrisa esbozada en su rostro. La puerta se cerró tras él.

No era la primera vez que entraba en aquella sala -ni tampoco sería la última-, pero aquel extraño sentimiento volvió a sobrecogerle, y es que aquella cámara le traía muy gratos recuerdos. A parte, estaba aquella sensación de seguridad que le invadía nada más verse rodeado por aquellas paredes y, no se equivocaba al pensar que aquel lugar era uno de los más seguros de todo el universo. El lugar estaba diseñado para que la máquina que albergaba, sobreviviera intacta a cualquier tipo de ataque, por muy potente que fuera. Aunque la nave saltara en millones de fragmentos, Jezabel, la computadora de a bordo, saldría incólume, sin apenas inmutarse.

- BIENVENIDO CAPITÁN - Esta vez la voz no sonó metálica, sino dulce y femenina. El suelo se abrió y de ella ascendió una plataforma con una ergonómica poltrona - PÓNTE COMODO - No se lo hizo volver a repetir, y se acomodó en ella. Cuando lo hizo añadió:

- Me pregunto qué me tendrá preparado esta vez la bella Jezabel.

Inmediatamente una gran imagen se formó en medio de la cámara. Pompeyo apenas tardó un par de segundos en reconocer aquello, sin duda correspondía a la de la presentación de MIDNIGHT.

- ¿Una conversacional de hace 3754 años es tu problema?

- BUENO, DE HECHO TIENE 3761.

- ¡Ah, es verdad! No había contado la siesta… Así pues, te has atascado en esta aventura, ¿no es cierto?

- SÍ, Y AUNQUE YA HE PROBADO TRILLONES DE ENTRADAS DIFERENTES NO HAY MANERA.

- A ver, comienza desde el principio y muéstrame hasta donde llegas.

Así lo hizo la computadora, le explicó paso por paso lo que había hecho, hasta llegar al lugar donde se había estancado.

- DE AQUÍ NO PASO - anunció y, segundos después, comenzó a probar nuevas posibilidades, lo que provocaba una frenética sucesión de textos e imágenes que estaban empezando a marear a Pompeyo.

- ¿Por qué no te estás quieta un momento y me dejas probar a mí? - espetó él.

- PERDONA - y la pantalla se dividió con una mitad estática, a la espera de órdenes del humano, y otra que no paraba quieta ni un instante. Pompeyo miraba a ningún sitio intentando ponerse en situación. Así pasó unos minutos hasta que, por fin, abrió la boca.

- ¿Puedes bajar a la cocina?

- POR SUPUESTO - y la máquina obedeció al instante, llevándole al lugar que había indicado.

- ¿No crees que esa gallina debería servir para algo?

- YO NO LE HE ENCONTRADO NINGUNA UTILIDAD, DEBE DE ESTAR DE ADORNO.

- Quizá, pero cojámosla.

- ¿Y AHORA? - A todo esto, la otra mitad de la imagen seguía transicionando a un ritmo vertiginoso.

- Espera un poco.

- ¿ESPERAR? ¿ESPERAR A QUÉ?

- He tenido una premonición, sólo es eso.

Pasó un rato, Pompeyo se había levantado y deambulaba por la sala. Después de plantarse frente a la imagen habló:

- ¿Nada nuevo?

- ME TEMO QUE NO.

- ¿Podrías mostrarme otra vez de que objetos disponemos? - Jezabel no respondió, limitándose a entrar el correspondiente comando 'I' al parser del juego.

- PERO… ¿QUË ES ESO?

- ¿Te refieres al huevo?

- SÍ, ¿DE DÓNDE HA SALIDO?

- De la gallina, evidentemente.

- ¡SI NO HA DICHO NADA DE QUE HAYA PUESTO NINGÚN HUEVO!

- ¿Y por qué habría de decir algo, si es una cosa muy natural?

Pompeyo no pudo aguantar más la risa, y sus carcajadas acabaron por apagar los refunfuños de Jezabel. Y la inmensidad no tardó en apagarlo todo… Mientrastanto, la nave Nasartek VII seguía cortando el espacio sideral a gran velocidad, precipitándose en el vacío hacia un lejano destino.

Daniel Cárdenas

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