“Soy Anüak”

Lunes 27 de diciembre de 2010
Hospital de Santa Isabel de León
23:45 horas

Me llamo Anüak Bendalí y soy neuropsicólogo. Suelo tratar distintas psicopatologías en pacientes que se sienten impulsados a actuar de forma violenta, desproporcionada, en ciertas situaciones que a la inmensa mayoría sólo nos causarían indiferencia o incluso gracia. Mis conocimientos, eso sí, comprenden toda la disciplina que trata de desentramar la mente del ser humano, que, por otra parte, siempre ha sido autosuficiente para entender su propio comportamiento.

Se me considera el mejor de la especialidad y es por eso que acabo de salir de una reunión a la que fui convocado repentinamente, tanto que un helicóptero, al servicio de varias instituciones médicas de la zona, recorrió los cerca de mil kilómetros que nos separan de mi residencia de descanso, donde estaba terminando mi último tratado. Durante meses y meses (tal vez toda su vida) unos colegas, expertos en neurocirugía y neuropsicología, habían estado planeando y diseñando un innovador experimento científico, al que por fin sólo le faltaba el sujeto ideal, acogido hoy vía urgencias, en su hospital, sin posibilidades de recuperación.

El mismo Inocencio Roca, director general, fue quien me convocó vía telefónica y, ante lo que me contaba que tenían entre manos, no pude hacer otra cosa que aceptar, no sin ciertas reticencias... pensando para mí: existirán sin duda graves consecuencias.

Se me ofrece traspasar la última frontera: la barrera física entre cerebros. Analizar la mente desde una perspectiva nunca antes conocida. Recorrer sus laberínticas estancias, sus espacios y recovecos. Percibir el alma de otro, sea lo que sea que esto pueda significar. Por nada me perdería tan magnífica oportunidad.

Martes 28 de diciembre de 2010
Hospital de Santa Isabel de León
00:00 horas

Llevo un camisón azul y estoy sobre una especie de camilla anatómica, en el interior de un quirófano caracterizado por su aséptico olor. Junto a ella, Bubbi de Lucca se mantiene inerte en otra mucho más rudimentaria. Es un hombre corpulento de 35 años de edad con una horrenda herida en la cabeza, que le produjo un ireversible estado comatoso. Se sabe que mantiene vivos sus recuerdos y todas las demás facultades superiores propias del cerebro, pero las funciones básicas para la supervivencia del cuerpo han quedado dañadas sin solución, obligando a sustentarlo mediante aparataje de soporte vital.

Los extractos que he podido revisar del informe médico indican que padece determinadas patologías leves que provocaron su ingreso y posterior régimen de consultas, en este hospital psiquiátrico, un par de veces durante el último lustro. Conozco también su nombre pero el equipo consideró que sería mejor, como medida de protección, tanto para mí, como de mis conclusiones, que no tenga más información acerca del sujeto. En especial se me ocultaron los detalles sobre las sesiones de terapia y su evolución.

Bajo la supervisión del Dr. Roca se repasan los últimos detalles. El Dr. Samuel Miralles está terminando de instalar el último de muchos electrodos que, abarcándome la superficie craneal, me conectan a una sofisticada maquinaria electrónica que a su vez, de forma mucho más invasiva, se une a la cabeza de De Lucca, completando el circuito.

Me sonríe, deseándome suerte, no sin mal velada impaciencia o nerviosismo, y veo cómo busca la mirada de quien orquesta el procedimiento. Éste asiente y hace un gesto al anestesista, que procede a dormirme.

Cuento hacia atrás desde diez, como parte del protocolo estándar en estos casos: Diez, nueve, ocho, siieeeeet...

En la oscuridad percibo una decreciente voz desde ningún lado. Es el anestesista:

Un súbito, profundo y ensordecedor ruido de fondo, como una antigua radio AM sin sintonizar, al volumen de un avión a reacción, me golpea e inunda. Con las primeras palabras se silencia:

Los avisos de Miralles no podían prepararme para lo que siento en este momento... El dolor es la sensación menos negativa de todas. El infinito se expande desde mi interior, traspasándome hasta reducirme a la nula expresión, provocándome un miedo indescriptible.

Ha llegado el momento... debo dejarlo todo atrás y plantearme por dónde empezar...

Área del lenguaje

Por más que busco no hallo, mi yo me remite a un inicial estado introspectivo. Más y más escondido, ese lugar, si es que existe, no termina de revelarse. Persisto en avanzar y salir del estancamiento, a la par que lucho por adentrarme en el más profundo recodo de mi yo. Yo soy, yo fui, yo seré... Yo estoy, yo estaré... Ya llego... yo lo sé, yo lo percibo...

Siento una especie de escalofrío. No sabría explicarlo, una casi imperceptible humedad parece condensarse en el ambiente. No sé si se trata de aire cálido o frío... ¿Estaré padeciendo fiebre? No, de ser así estaría delirando, por tanto descarto la fiebre. Pero algo que no puedo describir me incita a pensar que hay como una especie de llovizna, o niebla... ¿Será niebla? No hay nada que lo indique, sin embargo, la humedad es patente. De pronto, noto un frío espectacular. Una ventisca me toma por sorpresa y diversas nubes comienzan a revolotear dispersas por el ambiente. La ventisca me provoca una pérdida total de equilibrio y trato de aferrarme a algo, de buscar la forma de recuperar el control. El torrencial viento me empuja con fuerza y comprendo entonces que seré arrastrado y elevado como aquellos pedazos que me rodean en un giro incesante hacia ninguna parte.

De nuevo aquel ruido, como de estática, pero mucho más lánguido esta vez. Es muy confuso aún, pero sí, aparece una voz, una voz que advierto como la de Samuel. Me tranquilizo durante un momento al sentirme acompañado por algo cuerdo.

¿Momento? ¡Qué fácil decirlo! Aquí la distancia entre dos eventos es algo que no puede medirse porque no son tales, sólo manejos mentales que ocurren a la velocidad de la luz, comprimiendo el tiempo a mi alrededor. Sigo tratando de entender lo que está ocurriendo aquí, confiándome a la imaginación.

No pienses, me repito... ¿Mensaje?... Me descentro y, desdibujada, la materia incorpórea se aparece ahora con un sentido que antes, tratando de hallarlo, se me escapaba. Las extrañas nubes crean siluetas que se corresponden a una grafía que se enlaza juguetona, nítida por momentos, creando el puente de salida hacia la calma que desesperadamente necesito encontrar para no perderme por siempre jamás en este espeluznante abismo en el que percibo al retorcido y demente De Lucca. Anulo mi propia psique, intentando sólo captar las palabras, las frases, buscando el camino que me guíe por el hilo marcado por él. Hago esfuerzos para dejarme llevar por la incoherente y obvia fijación de la que, sin remedio, dejo de ser ajeno.

El texto que voy padeciendo es:

Súbitas ondas de infrasonido disparadas a conciencia por De Lucca hacen diana en mi pensamiento y, como ecos ausentes de voz, las noto agolparse, chocar, rebotar a veces o destruirse en mi foro interno. Quedando tan sólo una única y repetitiva frecuencia de onda sonora que trastorna mis sentidos y me abstrae de modo involuntario, dirigiéndome al extraño limbo de paz que desdibuja progresivamente las letras en mi mente hasta disipar mi propia voz inaudible. He pasado a otro estadio. Estoy fuera.

Salgo al ansiado remanso de paz que da término a esta espantosa travesía.

Área lógica

Dejas que la blanca nada facilite tu concentración. Piensas en nada y dejas nacer el uno. Uno y uno hacen dos porque que si hay algo y también otro más, hay un par.

Un par: con uno y otro uno... 
con uno y otro uno... 
dos.

Con uno y otro uno... 
con uno y otro uno... 
dos.

Con uno y otro uno... 
con uno y otro uno... 
dos.

En un momento que no logras poner en perspectiva, que parece siglos atrás, un extremadamente diminuto punto aparece y comienza a crecer exponencialmente como una población bacteriana desde la inabarcable infinitud adimensional del neutro blanco. Según, en su avance, empieza a abarcarlo todo, la negrura se acerca implacable y aquello que pareció una lejana abertura en algún momento, ahora te arroya como un túnel, rodeándote por completo, anulando toda sensación de salida. No hay nada a tu alrededor excepto eso, obscuridad. En el momento en que tu ser deja de serlo, engullido por ella, la luz aparece como . El más básico de los instintos irrumpe en tu ser y la certeza de la muerte se contrapone a la certeza de tu propia existencia. Una espiral de te invade. Te encuentras en el centro de una estructura tetra-itinerante. Recorreré una de las cuatro posibles travesías que se me presentan, con el fin de entender algo de la lógica que subyace en De Lucca.

Necesidad

De Lucca se educó bajo estrictas normas morales, impuestas por los distintos grupos humanos en que se vio inmerso a lo largo de su peregrinaje vital. En su internamiento académico en diversas instituciones adquirió competencia en los hábitos de la vida en sociedad. Pero sus enfermizos deseos, engendrados tiempo atrás por un cúmulo de carencias afectivas, no le permitieron nunca integrarse como los demás.

Su necesidad está, pues, fundamentada. Consiste en la búsqueda de infelicidad ajena para igualar la de ellos a la propia.

Posibilidad

De Lucca siempre se planteó la posibilidad de no ser y de si eso hubiera sido lo mejor, pero en lo más profundo agradecía de forma incomprensible el hecho de estar vivo. Las mil y una posibilidades de que su creación hubiera sido truncada por hechos que nunca podría haber controlado le mantuvieron en vela la mayoría de las noches de su vida.

Esa falta de descanso fue soterrando la posibilidad de una existencia ordinaria.

Imposibilidad

De Lucca lo ve así:

No sucedió y no hay modo alguno de lograrlo. En cualquiera de las formas en que malogré el tiempo que tuve a mi disposición, jamás pude encontrar en sus expresiones atisbo de aquel miedo que me hubiera gustado generar en mí mismo. Hubo quizá cierto temor, cierta cobardía, pero ese miedo no, nunca... La duda está despejada por más que no quiera asumirlo.

Es un miedo imposible.

Contingencia

!Oh, no!, Vaya recuerdo:

Eran mis sextas navidades, las primeras que recuerdo. Estaba en la cocina intentando alcanzar el bote marrón del azúcar para preparar a mi madre un delicioso refresco. Como no llegaba a la estantería, cogí el que ella guardaba bajo el fregadero.

Lo que pasó me cambió para siempre.

Es evidente que en Bubbi de Lucca hay suficientes motivos como para justificar la creación de una nueva entrada en los manuales de psiquiatría. Aunque en el fondo sólo es una amalgama de las múltiples posibles disfunciones existentes en todos nosotros.

Intento que nada me afecte pero cuando retorno a la zona neutral no puedo evitar que la lógica de Bubbi siga trastocando la mía.

Área de la razón

¿Alguna vez has tenido la sensación de estar en dos sitios a la vez? Existe cierta correspondencia de sensaciones mediante la cual uno mismo se percibe dentro y fuera de sí en el mismo momento, mas en un universo paralelo, análogo a un viaje astral en sueños. Ésta es la sensación que trato de fijar evocadoramente.

Cómo se desdobla mi ser y, uno y otro, se intuyen respectivamente en una relación de igualdades separadas en un espacio-tiempo idéntico, correlativo, in albis en términos absolutos de igualdad comparativa, sobre un marco de superficies reflectantes, cual yo pensante, sintiente, separado y, sin embargo, unido por una misma identidad.

En mitad de una tormenta de flashes cegadores se proyectan tres secuencias simultáneas. Apenas dos instantes después se hace el caos. La velocidad a la que ahora se mueven las secuencias te impide enfocar la mirada y fijar la vista en nada coherente. Se hace la oscuridad y un flash de luz te ciega por completo. Algo que no aciertas a distinguir se ha movido frente a ti. Pestañeas y aparece una escena en lo que definirías como un holograma, representando dos jóvenes que se hallan enfrentados. Observas con atención y reconoces, en ambos, el rostro de Bubbi de Lucca, esbozándose una amplia sonrisa contra un monumental enfado recriminatorio causado por .

De repente, un segundo holograma surge: es de nuevo Bubbi frente a un espejo, aunque no tienes claro cuál es la imagen en el espejo y cuál no... Ocurre básicamente lo mismo. Uno muestra su absoluta felicidad ante la implacable mueca furiosa del otro. La imagen de éste último comienza a mutar, transformándose secuencialmente en todo tipo de personas, incluso grupos, siempre furiosos, venidos de las vivencias pasadas de Bubbi.

Analizas concienzudamente todo lo que logras apreciar. Parece un bucle infinito, en el que ya llevas atrapado demasiado tiempo, podría ser tanto como 35 años.

Por fin, un holograma más aparece: dos figuras representan una misma dualidad, la feliz sonrisa macabra observándote cara a cara como pensando , mientras la otra te da la espalda, alejándose hacia .

En cuanto desaparece en el más lejano horizonte, la luz resurge del punto de fuga, encontrándote de nuevo en el tranquilo área neutral.

Algo raro ocurre, ¿Algo? No ¡Aawhh! ¡Todo! Todo va mal... pero... ¿eh?!... oigo algarabía desde el quirófano. ¿Ya están de celebración? ¿Se han olvidado de mi? ¡Comprobadlo, joder! ¿No detectáis que trato de comunicarme? ¡Doctor Miralles!, ¡director Roca!, ¡Aldana! ¡Aldana! ¡Por favor…!

El trabajo ya está hecho.

Realmente, no parece que ya les sea necesario. El viaje se invierte del todo por fin y la exploración te convierte en la víctima del más cruel canibalismo. Empiezas a ser digerido. Tus interconexiones mentales comienzan a desaparecer, haciendo hueco al nuevo inquilino de lo que era tu cerebro.

Ese era su fin. Este es el mío...

¿Soy Anüak?

-FIN-

Portada gráfica, mostrando la estupefación y asustada reacción del lector ante el relato.